¿Cómo accedemos a la información? ¿Qué consideramos como tal? ¿Nos conformamos con cualquier dato que nos pongan por delante y ya nos creemos conocedores de la realidad? ¿Qué realidad?
Cierto es que los medios de comunicación (periódicos, Internet, emisoras de radio, cadenas de televisión, etc.) tienden un puente entre la población y un hecho real que no está a su alcance pero que les llega convertido en noticia. Son, por tanto, unos mediadores imprescindibles. Y no sólo por ofrecer noticias sino porque ofrecen también nuevas formas de diversión y aprendizaje[1]. Pero la objetividad de la información se pierde, en la mayoría de los casos, por socavones de estos puentes. Agujeros y grietas que los elementos de poder han ido haciendo poco a poco y los periodistas, sin darnos del todo cuenta, cayendo en estas trampas.
Abarrotadas ruedas de prensa absurdas, notas de prensa infinitas o directos donde no está la noticia, nos han conducido a utilizar un lenguaje narcotizante, fruto de la herida del dardo político, que nos ha hecho padecer el ‘síndrome de la alcachofa’. Aguijón que no ha calado en todos los periodistas ni en la mayoría de los medios, pero que si dejamos que nos alcance, puede ser para la vocación su rejón de muerte.
[1] Loscertales, Felicidad: Los medios de comunicación y las personas. Guía de comunicación social para una lectura saludable. Madrid, Área de gobierno de empleo y servicios a la ciudadanía, p. 9.
